El lado oscuro del corazon




MUERTE: — No estás escribiendo ...
OLIVERIO: — Estoy con mi tren [de juguete], ¿te gusta? lo acabo de comprar. Tuve varios, pero los fui perdiendo en las mudanzas.
— ¿Y desde cuando no escribís nada?
— Estuve de viaje
— Quizá ya no tengas nada que decir, o quizá comenzaste a darte cuenta de que soy la mujer más importante de tu vida, o quizá decidiste quedarte en silencio, para que yo te dicte mis palabras.
— ¿Tus palabras? Puede ser que sirvan para redactar un comunicado militar, pero... ¿un poema?
— ¿Ya encontraste la que vuela?
— Todavía no.
— Me estás ocultando algo.
— Siempre te voy a ocultar algo. Lo sabés. Y creo que esto es lo que más te gusta.
— ¿Gustarme? A mí nada puede gustarme, Oliverio.
— ¡Pobrecita¡! ¡Sos tan aburrida!
(...)

OLIVERIO: — 
¿Qué me mirás?
— No sé. Pensé en el día en que tenga que llevarte y... te confieso que no sé como te lo voy a decir. Con otros es más fácil, pero vos no sé como te lo voy a decir.
— Te compadezco.
— ¿Por?
— ¡Tenés un laburo de mierda!
(...)
OLIVERIO: 
 ¿Quieres un café? ¿Un cigarrillo? Qué ridícula sos. ¿Te cuidás la salud? 
MUERTE: — Mira, aquí te marqué varios trabajos posibles. Hay un interesante, como gerente de un banco. Bueno, en realidad es de subgerente, pero... yo podría hacer los arreglos. El hombre que está allá ya es un poco mayor...
— ¡No necesito que me busques trabajo! Estoy bien así. ¿Cómo te lo tengo que decir? Mi oficio es el de poeta.
— Poeta...
— Soy poeta.
— ¿Qué oficio es ser poeta? ¿donde dice aquí? [en el periódico]: "se busca poeta, buena remuneración"... Sólo trato de que seas sensato, Oliverio. Que dejes de ser un niño.— ¿Para qué?...

"L
os nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver s
in quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo."  [ COMUNIÓN PLENÁRIA*, Oliverio Girondo (1891-1967) ]

GUARDIA: — ¿Te está molestando?  [preguntándole a la muerte]
MUERTE: 
— No.
OLIVERIO: 
— Sí...


*fuente: GirondoEsp.PDF

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